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sábado, 19 de marzo de 2011

Palacio de Igartza, joya de Beasain

Tras quince años de restauraciones ayer se completaba el Conjunto Monumental. Ejemplo único de arquitectura en madera, va a ser sede de actividades socioculturales
El Conjunto Monumental de Igartza celebraba ayer uno de los días más importantes desde que hace más de 15 años empezaran los primeros trabajos de recuperación del que puede ser el solar señorial más completo de todo el País Vasco. El palacio del siglo XVI, uno de sus elementos más significativos, se inauguraba de forma oficial después de seis años de labores de rehabilitación, dando inicio así a una nueva etapa en la que aspira a convertirse en sede de los acontecimientos socioculturales más importantes del Goierri.
 
De esta forma, y aunque aún quedan detalles por terminar, puede darse casi por concluido el proceso que ha recuperado y puesto en valor todo un conjunto que ha conservado como ningún otro sus elementos: el singular palacio, la ferrería de 1782, el molino de 1740, el puente, la posada de 1661, el crucero de 1599, la presa del siglo XVI e incluso los restos de la torre medieval y la antigua calzada del Camino de Santiago.
El palacio de Igartza lucía ayer su mejor cara. Nada que ver a la que mostraba en 1994 cuando llegaron al lugar los primeros equipos de Aranzadi que enseguida supieron valorar la riqueza que se escondía tras aquellos edificios que languidecían junto al río Oria. El palacio se desplazaba peligrosamente hacia el río; sobre la ferrería se había construido un pabellón industrial; el puente original estaba escondido bajo capas de
brea; y el molino había dejado de funcionar desde que se tiró la presa que administraba el caudal del río.
 
Fachadas originales
En los siguientes años, Aranzadi y los campos de trabajos de Kutxa establecieron la base de la ingente labor de recuperación que se llevaría a cabo ya en el siglo XXI. Trabajaron en el molino, la ermita y el palacio. El objetivo era que la situación de deterioro no fuera a más. Y fue entonces cuando salieron a la luz las fachadas originales del palacio y su gran estructura de madera a modo de mecano, que destacaba sobre el blanco de sus paredes.
 
El año 2000 el Gobierno Vasco declaró Bien Cultural el conjunto formado por el palacio, la ermita, el molino y el puente. Ese mismo año, el Ayuntamiento de Beasain compró el conjunto Igartza y cinco años después firmó con la Diputación el acuerdo para su restauración, en el que también se implicó Kutxa. En total, se han invertido más de tres millones de euros que han servido para que la zona recupere el esplendor de hace siglos, y que aquel palacio que pasaba desapercibido, se haya convertido en el orgullo de los beasaindarras.
 
Construido a principios del siglo XVI, el Palacio de Igartza es uno de los mejores ejemplos de arquitectura lígnea palaciega de todo el País Vasco. Es un edificio de planta rectangular, en torno a un patio central excepcional y único en Gipuzkoa, de 158 m2. En su planta baja, realizada en mampostería, destacan los accesos en arcos adovelados de medio punto y ojivales. Pero el verdadero valor radica en la imponente estructura lineal de sus plantas superiores, testimonio único de la utilización de la madera en la arquitectura vasca del siglo XVI.
 
Aunque se tiene constancia de que en Igartza existía anteriormente una casa-torre defensiva, acorde con los tiempos de guerras entre banderizos, los señores de Igartza construyeron el Palacio hacia los años 30 del siglo XVI y lo rodearon de los servicios necesarios: molino, ferrería, lagar, cuadras, etc. La ubicación no estaba mal elegida: junto al caudaloso río Oria y en el cruce de caminos entre Castilla y Francia.
Pero desde su construcción, el hogar de los Igartza no había conocido más que algún trabajo de mantenimiento poco significativo y por esta razón, y por la dejadez de haber dejado de ser la residencia principal de los Señores, el palacio llegó en muy malas condiciones a finales del siglo XX: con el ala sureste cedida, el escudo desparecido, la distribución interior totalmente alterada... Hay que tener en cuenta que desde el siglo XIX, su planta superior había sido adaptada a modo de 4 viviendas en las que hasta la pasada década de los noventa residieron cuatro familias, que habían adaptado los espacios a sus necesidades.
 
Tras el acuerdo entre el Ayuntamiento y la Diputación, en 2005 arrancó su recuperación definitiva, llevada a cabo en dos fases, ambas acometidas por Bioetxe, empresa especializada en edificios de estructura de madera. En la primera, se cimentó el edificio que había permanecido 500 años sobre arcillas, se saneó y recolocó la estructura, la cubierta, el remozado de las fachadas y se recuperó el patio interior. Con la estructura de madera como nueva, en 2009 arrancarían las obras en su interior, en una segunda fase. Paredes, suelos de roble, iluminación, carpintería, reacondicionamiento de los espacios... Durante estos trabajos, el palacio ha deparado numerosas sorpresas, como las que se escondían en sus paredes. Una de ellas, el horóscopo que, aunque erosionado por el paso del tiempo, todavía es posible leer escrito con el alfabeto propio del siglo XV.
 
Paralelamente a la recuperación del palacio, se ha ido dando lustre también al resto de edificios. Se ha reconstruido y musealizado la ferrería, al igual que el molino, se sacó a la luz el antiguo puente, la posada es ahora un hotel de cuatro estrellas... E incluso, hubo hallazgos imprevistos. En el arranque de las obras de restauración del puente y tras levantar las sucesivas capas de asfalto, salieron a la luz grandes losas de piedra arenisca, de una antigüedad de entre 450 y 500 años, correspondientes al Camino de Santiago, hallazgo que, además, mostró las cotas de la altura original de la antigua calzada. Y después, precisamente al intentar recuperar el acceso al palacio desde la calzada, surgieron los restos de la antigua casa-torre medieval de Igartza.
 
Pero aún queda un último paso. La destrucción en 1982 de la gran presa de piedra de sillar del siglo XVII que administraba en las inmediaciones el caudal del Oria, sirvió para descubrir una presa mucho más antigua, de madera. Después de permanecer a buen recaudo todo este tiempo, saldrá de su destierro para su reubicación en su medio natural junto al río Igartza. Se está construyendo un edificio en la zona trasera del palacio, protegido por una zona acristalada, y su acceso será desde el sótano del Palacio.
La Ferrería
Reconstruida: Una de las principales ferrerías de Gipuzkoa. Construida inicialmente (s.XV-XVI) en madera, en el XVIII tuvo una gran remodelación por el arquitecto Francisco de Ibero. Quedaban pocos vestigios y ha sido totalmente reconstruida.
El Molino
Albergue: Aunque ya hay referencia documental desde el siglo XV, el actual molino hidráulico fue recontruido en el año 1740. Ha estado habitado hasta hace pocos meses, pero el proyecto para su futuro es convertirlo en un albergue de peregrinos.
Ermita y Puente
Ermita: De pequeñas dimensiones, es del siglo XVII y está vinculada al Camino de Santiago.
Puente: Es el primer referente documental que se conoce de Igartza, aunque su actual construcción corresponde a una reforma del siglo XVII.
El Palacio
Siglo XVI: Edificio único en Gipuzkoa y uno de los mejores ejemplos de arquitectura lígnea palaciega de todo el País Vasco. Fue construido por los señores de Igartza. Destaca por el uso de la madera en su arquitectura, su pequeño patio interior y su galería.
Dolarea
Hotel: Antiguo caserón que la señora de Igartza mandó construir en el año 1611 como venta caminera en el cruce de caminos entre Castilla y Francia y para albergar el lagar de sidra. Tras su rehabilitación, se ha convertido en hotel de 4 estrellas
 
Fuente: Diariovasco

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